
Diego Díaz Alonso
INTRODUCCIÓN
¿Manuel Vázquez Montalbán? ¿No era ese señor gordito que escribía novelas policíacas? Manuel Vázquez Montalbán (a partir de ahora MVM) fue por supuesto el padre del detective Pepe Carvalho, pero también un prolífico articulista, un grandísimo poeta (nunca está de más reivindicar al menos conocido MVM poeta), y un destacado intelectual de izquierdas cuyas reflexiones políticas han quedado reflejadas no sólo en sus novelas, artículos y poemas, sino también en varios brillantes ensayos. Militante antifranquista, vinculado desde los años 60 al PCE-PSUC, con su prematura muerte en 2003 la cultura española y catalana perdieron a uno de sus grandes, la izquierda además a una de sus figuras más lúcidas, mediáticas y heterodoxas.
Esta comunicación pretende analizar a MVM no desde un punto de vista literario o filológico, sino político, una tarea para la que ya existe un magnífico precedente, la tesis doctoral de Mari Paz Balibrea (En la tierra baldía. Manuel Vázquez Montalbán y la izquierda española en la postmodernidad. Barcelona, El Viejo Topo, 1999). Mi propósito es centrarme en la reflexión política que MVM hace sobre la crisis de la izquierda a finales del siglo XX, su diagnóstico y las alternativas que plantea.
¿FUE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN COMUNISTA?
La pregunta es por supuesto sólo un golpe de efecto. Fuera de duda está que MVM fue un esforzado comunista durante cuatro largas décadas de su vida, no sólo en sus ideas y convicciones, sino también en su práctica. Miembro del PCE-PSUC desde los años 60, entre 1962 y 1963 estuvo encarcelado por sus actividades políticas. En los años 80 fue además miembro de la dirección del PSUC en unos momentos especialmente difíciles para los comunistas catalanes. Pero si me preguntó “¿fue Manuel Vázquez Montalbán comunista?” no es porque lo ponga en duda sino porque quiero llamar la atención sobre lo heterodoxo del comunista Montalbán, sobre su lejanía de lo que podemos entender como el militante comunista al uso. Ahí va mi hipótesis, MVM fue hasta su muerte un marxista “felipista” (del FLP, no de Felipe González, quiero decir), y eso a pesar de que esas siglas se extinguieran mucho antes que la vida del escritor. El eclecticismo adquirido por MVM en la primera parada de su vida política activa fue un equipaje que nunca abandonó y que se llevaría consigo al mucho más cerrado y disciplinado PCE-PSUC que justo estaba abandonando el estalinismo cuando él se incorporó a su militancia.
MVM ingresa en el Frente de Liberación Popular, en Cataluña FOC (Font Obrer de Cataluyna), a finales de los años 50 cuando está cursando estudios universitarios en la Universidad de Barcelona. El FLP fue una organización pionera de lo que podríamos llamar la “nueva izquierda” en España. Precedente del Movimiento Comunista o la Liga Comunista Revolucionaria entre otras grupos y grupúsculos, el “felipe” fue animado por jóvenes cristianos progresistas e izquierdistas independientes como MVM. El FLP se presentaba como una tercera vía entre una socialdemocracia demasiado inclinada hacia Washington y un comunismo de estricta obediencia moscovita. Humanismo, existencialismo, tercermundismo y un marxismo no dogmático, eran las principales fuentes ideológicas del FLP, organización que tras un prometedor comienzo entró a finales de los 60 en una decadencia que desembocaría en su autodisolución. Sus militantes militancia saldrían disparados en diferentes direcciones tras su explosión, el comunismo oficial del PCE, los comunismos heterodoxos del MC, la LCR o Bandera Roja, el nacionalismo de izquierdas... Con el tiempo muchos de aquellos jóvenes antifranquistas se volvieron a sus respectivas casas, otros acabaron (con cargo o sin él) en el PSOE y uno llegó incluso a ser duque de Alba.
Varias razones impulsan a MVM a ingresar en 1961 en el PCE-PSUC. Por un lado el realismo político de MVM, frente a un pequeño y marginal FLP el PCE-PSUC era una organización mucho mejor vertebrada y con una posibilidad real de influir en la sociedad. Por otra parte los comunistas españoles y catalanes ya habían comenzado en el año 61 su “desestalinización”, y es que el estalinismo de los comunistas había sido una razón fundamental para que MVM ingresará en el FLP y no en el PCE-PSUC. Por último pueden existir razones no sólo políticas, sino también sentimentales, como la militancia comunista de Anna Sallés, mujer del escritor.
MVM llega al PCE-PSUC con una “educación sentimental”, por decirlo en términos muy flaubert-montalbanianos, básicamente forjadas en el FLP. La combinación de existencialismo y marxismo heterodoxo, la crítica al estalinismo, el anhelo de construir un “socialismo con rostro humano”, son el bagaje adquirido por MVM en el FLP. Un bagaje que nunca abandonará, de ahí que estemos ante un comunista al que el mundo no se le desmorona con la caída del muro de Berlín, o que cuando viaja a Cuba para escribir Y Dios entró en la Habana, no incurre en una visión apologética de la revolución, sino que se interesa por el estado de las libertades y los derechos humanos, dialogando con comunistas heterodoxos y con la disidencia no financiada por EEUU.
“recurriendo a la ucronía podríamos pensar que mejor hubiera sido si los dueños del poder [ en los países del socialismo real ] hubieran escuchado a sus disidentes, porque se hubieran visto revitalizado por una contradicción objetivamente cómplice (....) si el poder socialista hubiera sido inteligente habría dejado el poder a sus disidentes, antes que lo dinamitaran sus funcionarios liquidadores ocultos”[1]
MVM por ejemplo será fundamental según la fundación Andreu Nín para que el PSUC rectifique públicamente en diciembre de 1989 por su persecución al POUM en la retaguardia de la guerra civil española[2]. Poco dado al maximalismo, los dogmas y la mitomanía, excesivamente irónico para algunos, librepensador, equidistante entre nacionalismo español y nacionalismos periféricos[3], Montalbán fue dentro del PCE-PSUC un comunista muy particular, alejado de cualquier sectarismo o visión estrecha del tipo “tribu contra tribu”. Esto puede deberse tanto a su talante personal como al eclecticismo de su formación política en el FLP. De hecho MVM siempre se mostró orgulloso de su pasado político en esa malograda organización que definió como un ejemplo de “voluntarismo revolucionario cargado de lucidez crítica”[4]. Todo ello a pesar de la ingenuidad y precariedad de los planteamientos políticos del colectivo, o de algunos excesos febriles de sus jóvenes militantes, como los de aquellos que especularon la posibilidad de iniciar una guerra de guerrillas contra el franquismo desde la nada tropical sierra de Cazorla.
Militante del PCE-PSUC durante cuatro décadas en las que no sólo es uno de sus intelectuales más prestigiosos, sino en algunos momentos un cargo de responsabilidad, en una entrevista a Rosa Mora resumía así su especial relación con su partido.
“ — (...) Desde el año 61 en que me metí en estos tinglados hasta ahora, creo que muy pocos dirigentes del PCE me han tomado por un pertinaz marxista. —¿Pero le tomaron en serio?
—Sospecho que nunca me han tomado demasiado en serio. Aunque sí valoraron mi fidelidad ética, un cierto respeto emocional, a lo que podríamos llamar el partido comunión, lo que ha hecho la gente a lo largo de la historia de ese partido, el enorme sacrificio que hay detrás de él”[5]
Al PCE dedicará dos libros de su prolífica obra, la novela Asesinato en el Comité Central , episodio perteneciente a la serie de Pepe Carvalho, y la biografía de la carismática dirigente comunista Dolores Ibárruri Pasionaria y los 7 enanitos. Si el primero es una sorprendente lectura de la crisis de los comunistas en clave de novela negra, el segundo es un muy personal acercamiento a la vida de la carismática líder comunista, que ya en el título anuncia que no estamos ante la biografía hagiográfica que cabría esperar desde las filas comunistas. Escrita a contracorriente, en 1995, en pleno éxtasis del llamado “pensamiento único”, victorioso tras la caída del muro de Berlín, la obra se propone reivindicar, con sus luces y sus sombras a una figura clave del comunismo de resistencia, aquel que combatió obstinadamente el fascismo en España desde la guerra civil hasta la muerte de Franco.
“ [Pasionaria] representa el prodigio histórico-social de la aparición de los intelectuales orgánicos de la base obrera un siglo después de las primeras escaramuzas de la revolución industrial. La burguesía renovaba, y renueva, cada cinco años sus cuadros dirigentes en las universidades. El proletariado tuvo que hacer una larga marcha hacia la cultura convencional, pasando por la escolarización, la alfabetización y el descifrar los códigos de la cultura establecida para comprobar hasta qué punto traicionaban sus propias necesidades. Por eso la guerra civil sería algo más que una victoria militar y se convertiría en un genocidio cultural contra las vanguardias que más daño podían hacerle al reaccionarismo español”[6]
Cuando el pensamiento único trata de deslegitimar toda la historia del comunismo a partir de los crímenes del estalinismo y el fracaso de los países socialistas, MVM se propone reivindicar ese otro comunismo que en los países occidentales y el Tercer Mundo se indentificó con las banderas del antifascismo, el anticolonialismo, la democracia y la justicia social. Si algo irritaba a MVM era el nuevo anticomunismo surgido con el muy pregonado “final de la historia”. Un anticomunismo ya no sólo propagado por curas, banqueros y agentes de la CIA, sino también por muchos ex izquierdistas.
“(...) intelectualidad ex marxista arrepentida que vaga por la historia y por los simposios flagelándose y proclamando ¡Proletarios del mundo, perdonadnos !”[7]
MVM tenía claro que no quería ser uno de ellos, así que cuando a partir de los 80 percibe que el comunismo ha chocado con sus propios límites y que se hace necesaria la construcción de nuevos sujetos políticos superadores de la tradición inaugurada en 1917, cuidó mucho de que sus críticas al comunismo clásico fuesen vistas como críticas globales o anticomunistas. Por decirlo de algún modo, tenemos en MVM a un comunista más de puertas afuera que hacia dentro. Y es que si bien MVM combatió en sus escritos e intervenciones públicas el anticomunismo de aquellos que pretendían establecer una identificación automática entre el Gulag estalinista y el comunismo, huyó siempre de todo fetichismo nostálgico con respecto a la identidad comunista.
“(...) parte de los comunistas se van a los cerros de la dictadura del proletariado con la esperanza de, o ganar las elecciones del año 2050 o conseguir asaltar el Palacio de Invierno en el otoño de 2150” [8]
De hecho a partir de los años 80 MVM se muestra partidario de una profunda renovación de los partidos comunistas clásicos que habían entrado en una profunda crisis ya por aquel entonces.
“Tal vez no viva para verlo y quizá no me interese gran cosa, pero será muy interesante ese momento en el que ningún PC europeo disponga de mártires, ni siquiera de un estudiante expedientado en 1974”[9]
Desde mediados de los 80 la formación de partidos postcomunistas y coaliciones ecosocialistas al estilo de Izquierda Unida, Iniciativa per Cataluyna, el Bloco de Esquerda portugués, la alianza Roji-Verde danesa o el SYNASPISMOS griego será una constante de la izquierda europea a la búsqueda de una nueva identidad. Si esta táctica adoptada por casi todos los partidos comunistas europeos (franceses e italianos serán una excepción a esta tendencia[10]) da o no los resultados previstos (renovar la vieja tradición del movimiento comunista con la aportación de los emergentes movimientos sociales, así como escapar al fantasma del anticomunismo posterior a la caída del muro de Berlín) es una cuestión sobre la que más adelante volveremos.
MVM será uno de los fundadores en 1987 de Iniciativa per Cataluyna, formación que nace del encuentro entre el PSUC, nacionalistas de izquierdas y comunistas del PCC, a la que se sumarán luego Los Verdes e independientes. MVM mantendrá su apoyo a Iniciativa cuando esta se separa de Izquierda Unida, siendo muy crítico con la posición de Julio Anguita de reforzar el peso del PCE dentro de IU. Para MVM en ese momento el tiempo de los partidos comunistas ha pasado y es momento de forjar una nueva izquierda que recoja junto a la tradición socialista las aspiraciones de los nuevos movimientos sociales. No obstante, su apoyo a una formación de nuevo tipo, que se declara ecosocialista y que MVM definía como poscomunista, no le impide seguir reivindicado la importancia que los partidos comunistas tuvieron en todo el planeta en la dinamización de todas las luchas sociales posibles, más aún en España donde su papel dentro de la oposición antifranquista fue de un protagonismo total (a veces llevado casi en solitario). ¿Siguió siendo entonces comunista MVM en los últimos años de su vida? “Déjame que sea el que apague la luz” le contestó a Josep Ramoneda cuando este le preguntó a finales de los 80 por qué seguía siendo comunista[11]. Probablemente la pregunta de si MVM siguió siendo comunista en los últimos años de su vida no tenga mucho interés, tan sólo una cuestión nominal para la que el propio escritor tampoco tenía una respuesta político sentimental satisfactoria. Supongo que lo que importaría a MVM, más allá de la definición del sujeto político (comunista, verde, ecosocialista, antiglobalizador o lo que se quiera) sería su potencial transformador de la realidad existente. No obstante, para él los partidos comunistas tenían hoy pocas posibilidades para ser la izquierda alternativa del futuro. Entrevistado por Mercedes Milá en Oviedo en Enero de 2000 MVM respondía de esta ambigua forma a la pregunta de si tenía vigencia el comunismo en el año 2000.
“En mi opinión, los propietarios de la palabra comunismo desde los años veinte hasta el año 89 acabaron empobreciendo y desvirtuando la palabra y habrá que esperar un cierto tiempo para que esa palabra vuelva a tener valor”[12]
Parece como si MVM jugase una doble táctica en su batalla personal contra el pensamiento único. Defender la memoria del comunismo, en la medida que comunismo de resistencia, frente a los ataques indiscriminados del pensamiento único, al tiempo que buscar nuevas formas de organización para la izquierda superadoras de los viejos partidos comunistas. Eso sí, nunca dejó de considerarse marxista, tal vez no un marxista pertinaz como le consideraban sus enemigos, pero sí un marxista. Al fin y al cabo, como decía Carvalho en Asesinato en el Comité Central “se abandona el marxismo y se acaba creyendo en el zodiaco”[13].
TRAS LA DERROTA
Un espectro recorre toda la obra de MVM. Es el espectro de la melancolía. En buena medida la obra de MVM es el producto de la resaca del 68 y sus esperanzas frustradas, sus movimientos sin éxito, como precisamente se titulaba uno de sus poemarios. La conciencia de que todos los esfuerzos emancipadores de la década de los 60 y 70 están siendo desmontados, pieza a pieza, desde los años 80 con el triple triunfo del neoliberalismo en la economía, los EEUU en la guerra fría y el pensamiento único en la ideología. Jamás el capitalismo ha tenido una hegemonía similar en su ya larga historia, afirma.
“el mundo está lleno de izquierdistas que viven en la incertidumbre y en cambio no conozco a nadie de derechas que participe de ninguna incertidumbre. Tienen su proyecto clarísimo”
Una contrarrevolución, o por lo menos una contraofensiva comparable a otras situaciones históricas anteriores. Por eso, O cesar o nada[14], su novela sobre los Borgia, no debe leerse sólo en clave histórica, sino también presente. MVM establece una analogía entre la contrarreforma religiosa que liquida el humanismo renacentista, y la contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan que arremete contra el movimiento obrero y al Estado del Bienestar con posterioridad a 1980. La obra montalbaniana pues pretende servir de resistencia en tiempos tan hostiles para la izquierda, culpabilizada desde el poder por haber querido construir un mundo mejor, a veces con las armas en las manos.
“¡Qué gran rey constitucional nos perdimos cuando guillotinamos a Luis XVI! ¡Qué estúpidamente obligamos a Franco a ser un dictador por el procedimiento de no cederle el Estado el 18 de julio de 1936! ¡Criminal conducta la de los soviéticos al oponerse al avance de Hitler provocando así la muerte de 20 millones de ciudadanos! ¡miserable resistencia contra los nazis que llenó los cementerios de represaliados! ¡Culpable conducta tupamara o montonera desafiando el código de honor de los caballerosos militares y forzándoles a la barbarie!”[15]
Y es que los amos del mundo no sólo han derrotado las esperanzas de una época, sino que, no conformes con esto, quieren hacer naufragar la esperanza para siempre. Como ha señalado el marxista norteamericano Fredric Jameson en nuestra sociedad postmoderna la utopía ha sido tan barrida de nuestras conciencias que resulta más fácil imaginarnos la destrucción del planeta que un futuro no capitalista[16].
Otra metáfora. Esta vez no tomada de la historia, sino de la ciencia ficción. ¿Y si estuviésemos viviendo en el planeta de los simios? Simios economistas, simios intelectuales, simios políticos, simios militares, nos ocultan a los humanos que en el pasado nuestra especie tuvo habla, raciocinio e incluso la capacidad de imaginar utopías y luchar por ellas. Es cierto que algunas de estas utopías se tornaron en pesadillas y que el sueño de la razón produjo monstruos y gulags, pero tal vez los simios que nos ocultan ese pasado estén intentado controlar nuestro presente, y sobre todo, nuestro futuro.
“(...)automutilación de toda memoria que no explique el presente necesario”[17]
Escrito, gramscianamente, desde el pesimismo de la razón, pero con el optimismo de la voluntad Panfleto desde el Planeta de los Simios se publica en 1995, en los momentos de máxima apoteosis neoliberal y desorientación de la izquierda. La elección de la metáfora de los simios, tomada de la novela y película del mismo título, forma parte de esa obsesión montalbaniana por renovar el anquilosado lenguaje de las izquierdas, esa mezcla de referencias cultas y populares que son uno de los principales signos estilísticos de su obra.
“Durante mi estancia en la cárcel de Lérida en 1962 y 1963 encontré mi primera forma poética satisfactoria, superada del todo la escasa influencia recibida del mesianismo neorromántico de la llamada poesía social, a la que combatí excesivamente en los años posteriores, indignado contra el dogmatismo estético de algunos de sus cultivadores (...)”[18]
Quien escribe esto es el MVM poeta, pero puede aplicarse a otras facetas literarias y personales del autor. El individualismo, la ironía, la invocación de la cultura popular, serán señas de identidad del estilo montalbaniano. Rafael Ribó, ex secretario general del PSUC, recordaba en su epílogo a la reedición de Asesinato en el Comité Central un spot electoral del PSUC en el que MVM aparecía con una enorme fotografía de la reina Isabel de Inglaterra a sus espaldas diciendo “Yo también voto al PSUC porque en el fondo soy un liberal”. La renovación del lenguaje de la izquierda es un primer paso imprescindible paso para ganar la batalla cultural al pensamiento único en el escenario postmoderno. Por eso comienza su ensayo La literatura en la construcción de la ciudad democrática citando al cantante de soul Gil Scott – Heron y su canción La revolución no será televisada. Por eso el alzamiento zapatista del 1 de enero de 1994 le va a fascinar tanto. En Marcos MVM descubre un nuevo lenguaje que no es ni post marxista, ni post moderno ni post tercermundista, sino algo completamente nuevo. A Chiapas no se marcha con mentalidad de turista revolucionario o de antropólogo a la búsqueda de rebeldes exóticos, sino que busca en los zapatistas un nuevo discurso emancipador, a los revolucionarios después del fin de las revoluciones y de la historia[19]. En ellos ve la primera rebelión de los globalizados contra los globalizadores, al igual que en el atentado de los servicios secretos franceses contra el barco Rainbow Warrior de Greenpeace pronosticaba “(...) un hito en la historia de la represión postmoderna”[20].
Para un pesimista de la razón como MVM este tipo de esperanzas resultaban imprescindibles para seguir alimentando su optimismo de la voluntad. Incluso tras hacer un diagnóstico tan pesimista como el de Panfleto desde el planeta de los simios donde llegaba a plantear la posibilidad de que estuviésemos a las puertas de un fascismo de baja intensidad (“(...) a algunos neoliberales cuando se muerden la cola les sabe fascista”[21]) afirmaba no obstante que la tozuda realidad terminaría por imponerse forzando a los humanos a rebelarse contra los simios gobernantes. Algo que también decía en uno de los poemas de su último poemario Pero el viajero que huye[22] .
“(...) Feliz Siglo Veintiuno
en el que cinco mil millones posaréis
para un videotype colectivo
Fin de Historia
pero quien tenga la máquina
os tendrá en su retina
pasará factura
y no podréis pagarle con collares de láser
ni con píldoras de paraíso sin azúcar
quien tenga la Nikon tendrá vuestro gesto
y antes de que anochezca el siglo
necesitaréis profetas
de la libertad y la lucha de clases
metedlos en manicomios sin muros
y si se escapan
que mueran de frío
abandonados a las puertas de las peores galaxias”[23]
En un panorama tan desolador, la función del intelectual comprometido sería poner sus saberes y su proyección mediática al servicio de aquellos movimientos de humanos enfrentados al poder simio. La firma de MVM no faltó para cuantos manifiestos de izquierdas fue requerido, al igual que su presencia en todo tipo de actos políticos y solidarios. Sus influyentes columnas en El País e Interviú también sirvieron para difundir desde estas dos tribunas la rebelión zapatista, el foro social de Porto Alegre y otras iniciativas lanzadas desde la izquierda alternativa.
LAS IZQUIERDAS EN LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA
MVM explicó la transición como el resultado de una “correlación de debilidades” entre franquistas y opositores. Si los primeros no podían continuar el franquismo sin Franco, los segundos tampoco podían forzar la llamada “ruptura democrática”. El PCE, principal fuerza del antifranquismo, guiado por Santiago Carrillo, sale profundamente debilitado de la transición. Las ilusiones de convertirse en algo similar al PCI se disipan la noche electoral del 15 de junio de 1977 cuando el hasta entonces muy minoritario PSOE obtiene 118 diputados, 98 más que el PCE-PSUC. Los socialistas se convierten entonces en la oposición real al gobierno de Adolfo Suárez y ni el esfuerzo de la lucha antifranquista, ni la táctica de eurocomunismo y moderación adoptada por Carrillo se han traducido en un aluvión de votos para los comunistas. Una profunda frustración que se repetirá en las elecciones del 79 (que constatan el estancamiento del PCE-PSUC) y en las del 82 (cuando el PCE-PSUC está a punto de quedar fuera del parlamento).
“ [Sobre Santiago Carrillo] Piensa: saldremos a la sociedad, y les diremos: "Ya no somos leninistas". Y la sociedad dirá: ¡Qué bien! "La bandera ya no es la republicana. Es la de la monarquía". ¡Cojonudo! "Me presenta en un acto público, en el Club Siglo XXI, Fraga Iribarne". ¡Hombre, por fin eres una persona! Etcétera. Piensa que eso lo normaliza socialmente. Pero no es así. Simplemente, la lógica del comportamiento electoral y político va por otro lado. Y una sociedad como la española está dominada por una nueva mesocracia, para-democrática, para-neoliberal, mayoritaria”[24].
Crítico con el papel desmovilizador de los movimientos sociales jugados por el PCE en la transición y la excesiva moderación de Carrillo, MVM se alineará en los debates del PCE con los llamados “renovadores de izquierdas”, situados a medio camino entre los eurocomunistas de Carrillo y los prosoviéticos de Ignacio Gallego. MVM defenderá una profunda renovación del partido para construir una izquierda nueva que recupere la conexión con los movimientos sociales. Muchas de sus opiniones están expresadas más o menos soterradamente en las páginas de Asesinato en el Comité Central, escrito en 1981, ya en plena crisis del PCE, pero aún antes de la debacle del 82. El cinismo de Carvalho le permite decir a MVM cosas que tal vez sentía pero no se atrevía a decir.
“ Hasta los tantos por cientos electorales se convierten en cultura. En Francia hay una cultura del 22%. En Italia del 30%. Aquí tenéis una cultura del 9 % o 10 % (...) tenéis una conciencia clara de que sois el motor de la historia, tengáis el 10% o el 30%. Habéis conseguido hasta que se lo crean vuestros enemigos y os temen tanto con el 10% como con el 30%” [25]
El dialogo de Carvalho no puede ser más demoledor. En una sociedad occidental capitalista normalizada como la francesa, italiana o española el movimiento comunista ha chocado con sus propios límites. Descartada la vía insurreccional, por falta de condiciones (y de ganas), incapaces de superar ese techo electoral sólo queda intentar gobernar a través de un acuerdo con la socialdemocracia, o convertirse en una fuerza política resistente actuando en los márgenes del sistema, más un partido de lucha que de gobierno. Siguiendo el modelo italiano de Berlinguer, MVM apostará una vez más por una vía intermedia, partido de lucha y de gobierno. Pero, ¿es eso posible?
MVM defiende una profunda renovación del partido que debe empezar por la renovación de su equipo dirigente. “Los dioses han muerto pero los sacerdotes hemos quedado” dice el comunista Santos, asumiendo su incapacidad para participar en la revolución cultural que el partido necesita y que el asesinato del secretario general Carrillo, perdón Garrido, permite. Andado el tiempo esa idea de que es necesaria una organización superadora del enfermo PCE se traducirá en la fundación de IU en 1986 y de IC en 1987.
MVM ve en los nuevos movimientos sociales (feminismo, ecologismo, pacifismo...) una oportunidad para la regeneración del PCE, que se había distanciado mucho de ellos a partir de la legalización y de la firma de los pactos de la Moncloa en 1978. Finalmente la necesidad de converger con los movimientos sociales va a convertirse en un objetivo (a veces más retórico que real) de todos los situados a la izquierda del PSOE, desde el PCE, hasta el MC o la LCR. La crisis, el paro y la nueva división internacional del trabajo (con la consiguiente pérdida de peso en los países enriquecidos de los trabajadores manuales) fuerza también el abandono de un discurso estrictamente obrerista. No es por supuesto MVM el primer comunista en ver el potencial emancipador de los nuevos movimientos sociales y la necesidad de que los comunistas asuman reivindicaciones ya no sólo basadas en la clase social, sino también en el género o la opción sexual, así como preocupaciones eco-pacifistas que pueden ser consideradas más o menos interclasistas. Otro Manuel, Sacristán, primero en el PSUC y luego fuera del PSUC, fue uno de los pioneros en proclamar la necesidad de incorporar al proyecto socialista las demandas de los nuevos movimientos sociales, y en especial del ecologismo. Un discurso que Sacristán llevó a la práctica con su trabajo militante en el movimiento ecologista catalán y en la revista Mientras Tanto, de la que fue cofundador y editor. A pesar de la coincidencia estratégica entre ambos, MVM será especialmente duro con Sacristán en Asesinato en el Comité Central, al que le coloca un alter ego muy poco simpático, Cerdán, un iluminado radical ex militante del PCE-PSUC que edita una revista llamada Hasta Luego. Diferencias de carácter y problemas en el pasado[26] están en el origen de la no muy buena relación personal entre Sacristán y Montalbán, a pesar del respeto intelectual mutuo que ambos se profesaban.
Otro comunista con el que MVM va a tener fuertes discrepancias, en este caso sólo políticas y no personales, es con Julio Anguita, dirigente de IU y el PCE entre 1988 y 1999. Mientras IC, el partido de MVM, lleva hasta sus últimas consecuencias la idea de que el comunismo ha tocado sus límites, y en la práctica disuelve el PSUC, se declara ecosocialista e intenta funcionar como un partido verde, en IU Anguita se niega a la disolución del PCE y defiende un rearme de la identidad comunista. Así respondía Anguita a MVM sobre la vigencia del PCE dentro de IU.
“Yo siempre ví a los comunistas más como un movimiento que como una organización, y ése es su sentido actual y futuro, un movimiento capaz de dinamizar una organización como Izquierda Unida. Lo que no veo es un partido comunista que concurra a las elecciones, que tenga un programa”[27]
Otro punto de desencuentro con el coordinador general de IU será la política de alianzas seguida por este partido. MVM considera imposible que vaya a darse un trasvase importante de votos socialistas a IU, considerando totalmente irreal la idea del sorpasso defendida por Anguita, esto es, una lenta pero inexorable superación del PSOE por IU. Aunque muy crítico con el PSOE y el felipismo MVM no admite la negativa de Anguita a llegar a pactos electorales con los socialistas, y defiende un encuentro en mitad del río entre los barqueros de ambas formaciones para cortar el paso a un PP que en 1995 ya se veía como claro favorito a ganar las elecciones del 96.
“Lo que está en peligro es la mayoría socioelectoral de izquierda y con ella una tendencia cultural hegemónica de centro-izquierda, con todas sus contradicciones, flujos y reflujos” [28]
Condiciones inevitables para ese encuentro serían la regeneración de un PSOE corrupto y neoliberal, así como la flexibilización del discurso de IU, en opinión de MVM excesivamente alejado de su potencial electorado. El pacto no llegó, aunque si se daría en las elecciones generales de 2000 (por cierto, con catastróficos resultados), al tiempo que en Cataluña ICV y Esquerra Unida y Alternativa (el sector afín a la dirección de IU escindido en 1998 de ICV) sellaban su reconciliación de cara a las elecciones catalanas. MVM saludará todos esos acuerdos entre las izquierdas.
“Me parece que Anguita, equivocado o no, ha hecho un esfuerzo pedagógico al tratar de explicar que la izquierda también podía tener un discurso no utilitario, de defensa de lo que creemos aunque luego electoralmente no obtengamos resultados. Eso, en mi opinión, se puede defender en la dimensión teórica, pero cuando te prestas a entrar en una política de márketing y de mercado debes tener mucho cuidado con esa autorización, porque puedes acabar creando una situación de desorientación: «Bueno, muy bien, usted no cree que las elecciones sean elementos modificadores reales y usted defiende ideas aunque se exponga a perder, y no sólo a perder, sino a bajar». Entonces, para qué nos metemos en esta tensión, por qué no predicar que la única función de la izquierda real es hacer por ejemplo ONG, o resistencia social, o movimientos sociales, por qué no esa salida. Si usted juega a un márketing político y a una batalla por el mercado electoral, alguna concesión tiene que hacer” [29] .
Tal vez el pesimismo de un MVM que consideraba en su fuero más íntimo que la transformación social en Occidente ya era imposible, y aún menos en un país que definía como “céntrico, centrista y centrado” [30], impulsaron en él esta visión más posibilista sobre el papel de una fuerza política a la izquierda de la socialdemocracia. La izquierda debía para él jugar en un doble tablero, el de las instituciones (al que una fuerza política como ICV o IU sólo podía acceder de la mano de la socialdemocracia), y el de la calle, donde movimientos sociales autónomos debían fiscalizar la acción de los políticos y llenar de contenido una democracia reducida cada vez más a un puro formalismo. Ambas partidas debían ser jugadas simultáneamente según MVM, complementando los unos a los otros, los políticos profesionales a los activistas sociales.
Sin embargo, la propuesta montalbaniana parte de una premisa absolutamente voluntarista: la regeneración de la socialdemocracia como fuerza de izquierdas. ¿Está teniendo en cuenta MVM el papel estructural de la socialdemocracia en el capitalismo o sólo le esta suponiendo buenos deseos? Otro interrogante, ¿puede gozar de confianza para los movimientos sociales una izquierda alternativa que pacte con una socialdemocracia neoliberal y atlantista? El tiempo nos ha hecho ver a los verdes alemanes, que tanto habían deslumbrado a los poscomunistas a la búsqueda de nuevas identidades políticas, apoyando recortes sociales y guerras imperialistas que los alejaban de los movimientos, mientras que partidos como la LCR francesa o Rinfodazione Comunista (este con hoz y martillo incluida) sin renunciar a la identidad comunista han sabido conectar con la sensibilidad de diferentes luchas emergentes como el ecologismo, la antiglobalización o las reivindicaciones de los gays, lesbianas y transexuales. Muchos de los partidos de izquierda alternativa, nacidos para ser sujetos políticos completamente nuevos han terminado reproduciendo los viejos vicios de los PC o se han deslizado al campo socialdemócrata.
Quedan todos estos interrogantes abiertos y quedan sobre todo las aportaciones de MVM al debate sobre el papel de la izquierda en el siglo XXI, su crisis y las posibles alternativas para salir de ella. Hay en ellas ideas atractivas para aquellos que habitamos esta dura galaxia de la izquierda. Fracasado, como todos los izquierdistas de su generación, su obra parte de la conciencia de la derrota (definitiva para una persona que por su edad sabía que ya no iba a ver el socialismo), de los movimientos sin éxito del 68, e intenta extraer de esos errores ideas para ayudar como intelectual comprometido a la reconstrucción de (parafraseando a su admirado Hobsbawm) una “izquierda racional”.
“Lo que tenemos que admitir es que los avances históricos son avances diluidos, no totales. Nos han educado en una aspiración de urgencia de resultados condenada al fracaso, en una especie de paraísos terrestres o celestes inexistentes. Hemos de asumir que los ritmos históricos son lentísimos, dispersos, contradictorios, con flujos y reflujos. Aceptarlo casi implica volver a empezar de nuevo”[31]
[1] Y Dios entró en la Habana, Madrid, 1998, El País Aguilar.
[2] La sombra de Nín es alargada, El País, 7/1/1989 y Declaración de Treball, Treball, Diciembre de 1989.
[3] Montalbán siempre se inclinó por el equilibrio entre cuestión social y nacional hallado por el PSUC. Partidario de una solución política, y no sólo policial, al conflicto vasco, en 2001 pidió el voto para IU-Ezker Batua, en un manifiesto firmado conjuntamente con Jose Saramago y Bernardo Atxaga (El Mundo, 13/4/2001).
[4] 18 de Septiembre, El País, 12/7/1984.
[5] Entrevista a Rosa Mora, El País Babelia, 19/11/1994.
[6] Pasionaria y los 1000 enanitos, El País, 10/12/1995.
[7] Panfleto desde el planeta de los simios, Barcelona, 1995, Crítica.
[8] Euroizquierda, El Pais, 11/4/85.
[9] Asesinato en el comité centra, Barcelona, 1981, Planeta.
[10] El PCF mantiene sus siglas con la única salvedad de eliminar la hoz y el martillo de su iconografía, mientras que el PCI se parte en dos, una mayoritaria que se transforma en el socialdemócrata Partido de los Demócratas de Izquierda (PDS) y una minoritaria que junto a los restos de la extrema izquierda italiana reafirma su identidad comunista con la formación del Partido de la Refundación Comunista (PRC)
[11] Déjame que sea el que apague la luz, Josep Ramoneda, El País, 21/10/2003
[12] Opiniones contudentes para el siglo XXI, Oviedo, Ayuntamiento de Oviedo, 2000.
[13] Asesinato en el Comité Centra Op. Cit.
[14] O Cesar o Nada, Barcelona, 1998, Planeta.
[15] Gran liquidación fin de temporada, El País, 12/5/98.
[16] The Politics of Utopia, New Left Review, 1/2004.
[17] Panfleto desde el planeta de los simios, Op. Cit.
[18] Memoria y deseo .Obra poética 1963-1990, 2000, Barcelona, Mondadori.
[19] Su libro sobre el zapatismo, Marcos, el señor de los espejos, está escrito inmediatamente después de Y Dios entró en la Habana. Ambos pueden leerse como un díptico, el viaje de una revolución del siglo XX a otra del siglo XXI.
[20] El Enemigo, ElPaís, 20/08/85.
[21] Panfleto desde el planeta de los simios, Op. Cit.
[22] Memoria y deseo. Obra poética 1963 – 1990, Op. Cit.
[23] Memoria y Deseo. Obra poética 1963 – 1990, Op. Cit.
[24] Conversación con Eduardo Haro Tecglen, Ajoblanco, 1/93.
[25] Asesinato en el Comité Central, Op. Cit.
[26] Sobre las relaciones entre Sacristán y Montalbán el excelente artículo La veracidad de una información, El Viejo Topo, 218, 3/2006.
[27] Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos, Madrid, 1996, Alfaguara.
[28] El sillón de González, El País, 6/6/95.
[29] Opiniones contundentes para el siglo XXI, Op. Cit.
[30] La fotogalería, ElPaís, 2/4/90.
[31] Conversación con Eduardo Haro Tecglen, Ajoblanco, 1/93.